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Comienza la II Semana de la Huerta de Murcia y como el año anterior se vuelve a mezclar lo lúdico con lo cultural para poner en valor nuestro patrimonio huertano  y alertar sobre los peligros a los que se enfrenta. Al igual que en la edición anterior,  este año contamos con la participación de expertos en arqueología, arquitectura, ecología o hidrología que, lo largo de la semana, van a hablar sobre cuestiones vitales de la Huerta en el Foro de Divulgación y Sensibilización de la Huerta de Murcia. La primera de la charlas, ofrecida por los profesores del área Urbanística y de Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Cartagena Marcos Ros Sempere y Francisco Miguel García Martín, versa sobre la investigación “Cinco Palmos” que realizaron para cuantificar el cambio de modelo urbanístico de la Huerta de Murcia y ver la proliferación de viviendas en la zona durante el siglo XX.

A través de la información disponible en el catastro de la ciudad y del archivo de fotografías aéreas de la zona descubrieron que la ordenación urbanística de la ciudad se debe sobre todo al Rio Segura y a su evolución. Desde la casa construida con materiales sencillos y asociada a un cultivo, hasta la actual situación chalets en microparcelas de huerta, se analiza el terreno perdido por la huerta en favor de la ciudad y cómo esta evolución urbanística ha cambiado el modelo agrario de las distintas zonas huertanas.

Este cambio en el modelo urbanístico de la ciudad va fuertemente ligado con el volumen de población de la misma y lo que comenzó como una ciudad rural, dónde la huerta era lo más importante, acabó derivando en un modelo rururbano dónde comienzan a difuminarse los límites de los diferentes espacios. Este fue el proceso de evolución seguido por la ciudad de Murcia durante el siglo pasado, en el que las construcciones de viviendas en la Huerta crecían de forma exponencial pero controlada y donde los terrenos agrarios tenían su espacio y seguían dominado el esquema de la ciudad. Sin embargo, es en las primeras décadas del siglo XXI, con la implantación de los nuevos regadíos en la parte este de la ciudad, cuándo se ha ido instaurado un modelo urbanístico de “ciudad difusa” en el que la huerta ha ido perdiendo cada vez más terreno y dónde las fronteras entre los distintos espacios de la ciudad desaparecen por completo.  Esta nueva realidad necesita ser tratada de forma correcta, es necesario legislar para que las próximas construcciones se hagan con control y respeto para que no tenga de desaparecer una realidad para que prospere otra. 

La segunda charla enmarcada dentro del Foro de Divulgación y Sensibilización de la Huerta de Murcia lleva por nombre ¿Las ciudades pasan por el rio o es el rio el que pasa por la ciudad? En ella Carlos Montes del Olmo, catedrático de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid reflexiona sobre cuál es el papel actual de los ríos en el diseño urbanístico de las ciudades y si la situación de los mismos es la correcta. La evolución de las poblaciones y el aumento del volumen de habitantes de los núcleos urbanos han ido creando una dinámica urbanística en la que los espacios naturales han sido relegados a un segundo plano en beneficio de construcciones artificiales. Los barrios han derivado en urbanizaciones y éstas han recluido a las personas en sus viviendas creando no-ciudades en las que se vive pero que no forman un hogar. El aumento de la contaminación, los tiempos dedicados al trayecto desde un punto de la ciudad al otro, la falta de espacios verdes y una industria alimentaria industrial son algunas de las razones por las que el modelo de ciudad actual no logra hacer felices a las personas que viven en ella. La ciudad actual no piensa en sus ciudadanos, no se preocupa por cubrir sus necesidades de sostenibilidad y conciliación y estamos pagando el precio en calidad de vida.

Montes del Olmo afirma que este volumen de crecimiento de los núcleos urbanos es insostenible ya que cada vez que una ciudad se expande, ocupa un espacio y unos recursos naturales que no podemos permitirnos seguir perdiendo. Cuando perdemos un bosque, o cambiamos el curso natural de un rio o contaminamos un mar vamos separándonos del entorno natural; vamos perdiendo la conexión con el medio ambiente que nos ayuda a entender la naturaleza, adaptarnos a ella y crecer de forma equilibrada, con respecto al mundo y a nosotros mismos. Aún estamos a tiempo de cambiar el modelo de sociedad y de ciudad en el que vivimos. Aún no es tarde para repensar la ciudad en torno al rio y aprovechar los espacios naturales para crear un entorno amable en el que las familias puedan reconectar con su tiempo y su espacio y vuelvan a ser dueñas de su ciudad.  

Nuestro patrimonio  debe protegerse y es nuestra obligación mantenerlo y preservarlo. Esa es la idea que se desprende del quinto Foro de Divulgación y Sensibilización de la Huerta de Murcia en el que se trató el estado y las posibles soluciones aplicables para recuperar los castillos de Monteagudo. Los arqueólogos Luis García y Consuelo Martínez quisieron llevar nuestra atención a esas joyas de la historia que permanecen semi olvidadas en un rincón de nuestra ciudad y que poco a poco van deteriorándose de forma irreversible. Estos castillos que han resistido frente a numerosos ataques, que no se desmoronaron al observar como llegaban lo enemigos se encuentran indefensos ante los dos grandes males de la historia: las inclemencias de paso del tiempo y la indiferencia de la gente.

Pese a las pintadas, las construcciones ilegales y la erosión estos castillos aún se encuentran en una situación bastante recuperable. Tan solo hace falta invertir en ellos una cantidad similar de dinero e interés para que vuelvan a brillar con la gloria de su pasado. La ciudadanía ha de ser consciente de su historia para avanzar de forma consciente y estos castillos nos ayudan a recordar tanto la grandeza de nuestro pasado como las posibilidades de nuestro futuro. Mantenerlos en buen estado ha de ser una obligación para que todos los murcianos conozcamos y valoremos el patrimonio de nuestra ciudad. 

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